sin ciencia no hay futuro

Los otros enemigos

La lucha por la Unión Civil para parejas del mismo sexo no es solo una lucha de derechos, sino también una lucha contra quienes realmente condenan a nuestras sociedades al atraso eterno.

Opinión

Publicado: 2013-10-07

Estoy un poco harto, la verdad. Cansado, agotado, exhausto, podrido. Realmente podrido de la sarta de religiosas estupideces, una tras otra, que he escuchado y leído desde que se presentara el proyecto de ley de Unión Civil No Matrimonial.

Estoy harto de la ignorancia, o mejor dicho, de quien transmite ignorancia. Porque la mayoría de ciudadanos en este país, lamentablemente, sigue sin tener la misma oportunidad que otros de acceder a una educación medianamente aceptable que les permita elaborar un juicio razonable sobre determinadas cuestiones. Llegar a conclusiones sin hacer uso de argumentos trasnochados que evidencian el porqué no nos podemos deshacer del mote tercermundista al que nos hemos acostumbrado.

Pero no puedo irme contra ellos. No puedo reprocharles nada porque solo son víctimas. Víctimas de una clase política a la que le conviene mantenerlos ciegos para usarlos únicamente cuando sus intereses se ven amenazados. Pero sobre todo, víctimas de las repugnantes instituciones religiosas de este país, cuyos representantes saben perfectamente que el día que abran los ojos, su 'negocito' se va directamente a la quiebra.

Casi el 70% de ciudadanos está en contra del proyecto de Unión Civil. Ya, ¿y? ¿Desde cuándo los derechos humanos se someten a votación? 'Yo no creo que el pueblo lo quiera', ladra Juan Luis Cipriani desde su imaginario púlpito radial. Si mañana, por arte de magia o milagrito morado, retrocediéramos una buena cantidad de décadas e hiciéramos sondeos sobre el reconocimiento de derechos fundamentales a otras minorías, probablemente hoy no habría sacerdotes negros, por decir lo menos. Es muy fácil decir qué es lo que quiere 'el pueblo' cuando se le monopoliza la fe y se le hipoteca la vida eterna bajo amenaza de portazos en los cielos y achicharramiento perpetuo. Muy fácil.

"Alguien que, en teoría, está obligado a no disfrutar su sexualidad, no puede tachar de antinatural la forma en que disfruto la mía a la vez que predica que una mujer virgen preñada por una paloma es algo absolutamente normal"

¿Las encuestadoras se han tomado el trabajo de preguntar a cada entrevistado por qué se opone? Si se hace el ejercicio estoy convencido que el 90% iniciaría su respuesta con el ‘diosito esto, diosito aquello’. ¡Pamplinas! ‘Diosito’ no tiene vela en este entierro. Diosito no es congresista, diosito no es juez. Diosito es peruano solo cuando juega la selección. La ley de ‘diosito’ puede ser aplicable en tu vida si te da la gana, pero no puede ser impuesta en la totalidad de vidas que conforman una sociedad. Sociedad de un Estado laico, entendámoslo de una puñetera vez porque ya me canso de repetirlo, ¡LAICO!

Que no se me malinterprete, no son las creencias lo que critico, sino la forma en cómo ciertas ‘instituciones’ pretenden administrarlas. Yo mismo soy apóstata. Fui criado y educado como católico –colegios Maristas y Mercedarios, nada menos-, hasta que comprendí por mi propia cuenta que nadie tiene derecho a marcar la ruta por la que debo llevar el 'uso correcto' de mi fe. Nadie puede obligarme a aceptar conceptos de qué es lo que está bien o está mal en base a un libro de ciencia ficción. Alguien que, en teoría, está obligado a no disfrutar su sexualidad, no puede tachar de antinatural la forma en que disfruto la mía a la vez que predica que una mujer virgen preñada por una paloma es algo absolutamente normal. ¿Quiénes son los raros?

Por eso, esta lucha no es solo contra un Estado que está obligado a otorgar los mismos derechos a todos los ciudadanos sin distinción, no. Esta lucha es también contra esas instituciones religiosas que económicamente siguen mamando del seno de ese Estado y que a cambio continúan negando a tantos y tantos peruanos, la posibilidad de abrir y explorar su propia mente. Esta lucha es contra aquellos que en lugar de colgarse cruces, deberían bordarse la palabra 'hipocresía' en la sotana, por esa delirante fascinación de llamar pecado únicamente a lo que les conviene.

Porque hacer gala de la moralina e incitar a la gente a oponerse a una ley que solo pretende otorgar derechos básicos a seres que se aman, es una cruzada legítima en defensa de la familia y el sagrado matrimonio, pero exigir una investigación y una pública muestra de rechazo a un escándalo de abuso de menores, es un 'circo bien montado' y ganas de 'hacer leña del árbol caído'. Tal cual.

Insisto, lo malo no es creer en un Dios, lo malo es que un grupete de reprimidos te diga cómo creer en él.

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Escrito por

Ginno P. Melgar

Esperando un mundo regido por la igualdad con base en las diferencias. @ginnoceronte


Publicado en

El padre de Bambi

donde la historia trata por igual a todos los personajes del cuento